martes, 24 de agosto de 2010

Vampire.

Tu olor y tu sangre son como una droga para mí. Desde el primer momento en que te vi, te he deseado como a nada en el mundo. Y ahora, por fin has llegado a mi humilde morada, esta pequeña mansión a las afueras de la ciudad, una herencia de la familia. Por mucho que te esfuerces por correr, no conseguirás salir de aquí. Por mucho que te escondas, te encontraré. Sigo tus pisadas en las tinieblas del pasillo, hasta llegar al estudio. Entro y cierro lentamente la puerta tras de mí. Estamos en la más remota oscuridad, pero, aún así, noto tu agitada respiración. De un salto, me planto detrás de ti. Te sujeto los hombros para que, si te resistes, no logres zafarte tan fácilmente de mí. A medida que me acerco más a ti, siento cómo mi pulso inexistente se acelera más y más. Mi boca se desliza por tu cuello hasta llegar al punto en que se une a los hombros. Tú estás petrificada, el susto te ha dejado en estado de shock. Aprovecho la situación para morderte lentamente. Por un momento, te vuelves tensa y reprimes un grito de dolor. En cuanto me separo de ti, tus músculos vuelven a relajarse y caes inconsciente en mi regazo. Te cojo suavemente, incluso con ternura, entre mis brazos y transporto tu delicado cuerpo hasta la habitación de invitados, donde te deposito dulcemente en el centro de la cama con dosel del centro del cuarto. Me quedo un rato mirándote fijamente, admirando tu belleza. Eres aún más hermosa cuando descansas. Ahora duerme pequeña, cuando despiertes serás mía y te convertirás en mi reina. Te estaré esperando…

No hay comentarios:

Publicar un comentario