miércoles, 19 de mayo de 2010

Feelings.

Cierro la puerta con un golpe seco, el cual resuena por toda la estancia, prácticamente vacía. Me dejo caer sobre la cama, haciéndome un ovillo en ella, pensando en todas esas cosas que me gustaría cambiar, todo lo que odio, todo lo que dificulta mi vida a más no poder. Trato de evitarlos, siempre con una sonrisa en mi rostro, pero ésta desaparece al llegar a mi casa, a mi cuarto, aquí todos esos problemas me atormentan día y noche. Cojo el cojín y lo abrazo con fuerza, clavando las uñas en él. ¿Por qué no desaparecen por mucho que intente olvidar todo lo ocurrido? ¿Por qué esas palabras, que me dolieron tanto en su momento, siguen escuchándose en mi mente? ¿Por qué… no me dejan en paz…? Levanto la vista hacia la esquina, ahí descansa mi guitarra, esa “amiga” que me ayuda a desconectar de este mundo. Esa que siempre estará ahí, por mucho que ocurra, no como algunas personas, que llegan a tu vida, te la destrozan, y luego desaparecen. Me levanto, la cojo delicadamente por el mástil y vuelvo a mi cama, sentándome en el borde de la misma. Deslizo mis dedos por las cuerdas, está afinada aún. Cierro los ojos y comienzo a tocar. Los acordes suenan, mientras casi sin darme cuenta, empiezo a cantar una melodía llena de fuerza, de vitalidad, de sentimiento. Al cabo de un rato la canción finaliza, con un tono más suave y llevadero. Aún sin abrir los párpados, bajo la cabeza y sonrío levemente. La música hace que me desahogue, mientras toco, mi alma y mi mente se liberan, fundiéndose con las notas en una danza de libertad y emociones. Es una sensación increíble

jueves, 13 de mayo de 2010

Obra de arte

El teléfono sonaba sin parar. Una parte de mí deseaba acabar de una vez con aquel molesto ruido con un rápido golpe, mientras que la otra quería contestar la llamada con desesperación. Me sentía confuso, sin saber qué hacer, sentado en el suelo, contra la pared. ¿Debía confesar lo que había hecho? O, por el contrario, ¿sería mejor acabar con todo esto en seguida? Las paredes blancas de la habitación contrastaban con las manchas rojas que cubrían algunas zonas de la misma. Una magnífica obra de arte. Su cuerpo yacía inerte en el otro extremo del cuarto, sus ropas también estaban cubiertas de aquel líquido rojo tan hermoso para mí, pero para aquella escena, había tenido que renunciar a lo que más quería en el mundo, si hubiera sido otra persona el resultado habría quedado totalmente diferente. Abrí la ventana del cuarto, pude sentir la suave brisa del viento acariciándome el rostro. Subí al alféizar de la misma y me dejé llevar, relajando cada músculo de mi cuerpo, cada respiración, cada sentido. Caí al vacío.

viernes, 7 de mayo de 2010

Servant of Evil

Bueno, éste es un relato que escribí basado en un fragmento de la canción Servant of Evil de Vocaloid, concretamente en la parte en la que Len mata a Miku. Realmente es una de mis canciones favoritas, es muy bonita
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Miraba impotente mis manos manchadas de sangre. Sangre de aquella pobre joven de cabello esmeralda que no había hecho daño a nadie. Su cuerpo se hallaba ante mí, cubierto de esa sustancia roja carmesí que tanto odiaba. Sus ojos, ahora inexpresivos, habían guardado un día una mirada llena de alegría y calidez. Aún conservaba clavado en su delicado pecho el cuchillo con el que la había asesinado, aunque no tardé en extraerlo suavemente. Aparté el pelo que cubría su frente y la besé por última vez. La había amado con locura y, por mi culpa, ahora estaba muerta… pero otra persona, por la que entregaría mi vida, por fin había vuelto a sonreír. Mi cuerpo se dividió en dos: unas tristes lágrimas surcaban mi rostro, llorando por aquella joven, y una cálida sonrisa apareció, a su vez, feliz de haber conseguido hacer reír de nuevo a mi querida hermana.

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Bueno, para los que no conozcan la canción, aquí dejo el link del vídeo >.<

lunes, 3 de mayo de 2010

Noche de melancolía

Estoy absorta en mis pensamientos, sentada en el alféizar de mi ventana. Tras ésta, se extiende un gran valle verde, ahora bañado por la lluvia. Las negras nubes cubren por completo la luz de la luna, por lo que mi cuarto se encuentra prácticamente en completa oscuridad, exceptuando cuando cae algún rayo, iluminándola débilmente. Al parecer, la noche está triste, al igual que mi corazón roto. Aún recuerdo la primera vez que me dijiste “te quiero”, era un día lluvioso como éste, pero tú lo iluminaste. Hoy no ocurrirá lo mismo, ya que tú ya no estás aquí a mi lado, haciéndome sentir segura entre tus brazos y proporcionándome ese calor tan peculiar tuyo. Miro hacia el centro de la estancia dirigiendo mi mirada a una rosa que se encuentra en un pequeño jarrón sobre la mesa. Alrededor de la flor, hay unos pocos pétalos esparcidos. Se podría decir que ahora mismo soy como esa flor, aparento estar bien por fuera, pero en mi interior, me voy marchitando lentamente con el paso de los días, hasta que llegue el momento en que ya no pueda resistir más y mi existencia llegue a su fin. Sé que te prometí que viviría por los dos si te ocurría algo, pero nunca pensé que podría llegar a pasar esto… Verte sufrir de esa manera, mientras poco a poco morías y, finalmente, antes de que llegara la ambulancia, tener tu cuerpo inerte estrechado entre mis brazos. Aunque hayan pasado seis meses desde aquel incidente, en el que perdiste la vida, sigo arrepintiéndome de no haber podido hacer nada por ti en ese momento. Ya no puedo reprimir por más tiempo mi llanto. Unas pequeñas gotas se deslizan lentamente por mi rostro. Una gran cantidad de recuerdos tuyos llegan ahora a mi mente, provocando que cada vez me sienta peor. Ya no puedo dejar de llorar, la amargura que siento se acrecienta cada vez más. Bajo al piso inferior y me adentro en la cocina, busco por los cajones y cojo un pequeño cuchillo. Tras volver a mi habitación, me vuelvo a sentar tranquilamente en el alféizar. Por un momento, siento unas punzadas de dolor en mis muñecas. Veo cómo un líquido color carmesí se desliza hasta las puntas de mis dedos, y unas gotas se precipitan sobre la verde hierba. Siento mucho no haber cumplido mi promesa, pero ya no puedo seguir viviendo así. Poco a poco voy cerrando los ojos. Noto que cada vez está más cerca mi final y sonrío, mientras una última lágrima corre por mi cara, cayendo ésta en mi muñeca y mezclándose con el fluido rojo que emergía de la misma.