Estiró la mano hacia el cielo nocturno y cerró el puño con suavidad. Estaban completamente a solas en aquella playa oculta entre los acantilados. Las olas susurraban ante ellos, rompiendo ligeramente el absoluto silencio que reinaba.
-Es precioso… ¿verdad? –dijo ella, mirando a la silueta que descansaba sobre la hierba, a su lado.
Es chico asintió con la cabeza, la cual tenía apoyada sobre sus brazos, cruzados detrás de la misma. Señaló uno de los astros resplandecientes, éste destacaba sobre los demás.
-Mira, la Estrella Polar. Mi favorita.
-Ojala fuéramos capaces de palparlas… Serían muy cálidas, estoy segura. –Sonrió dulcemente.
El joven afirmó de nuevo, sin decir palabra.
Y allí se quedaron, tumbados bajo el cielo estrellado durante horas, contando juntos cada astro que observaban en aquella noche sin fin.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
lunes, 19 de septiembre de 2011
Come, little boys and girls.
“¡Venid, damas y caballeros, niños y niñas de todas las edades!”
Todos se acercaron, curiosos por ver qué nuevos trucos les traía ese joven hombre. Portaba un curioso traje de payaso, tal vez por eso llamara tanto la atención. Los colores habían sido sustituidos por el blanco y el negro y, en lugar de llevar peluca, vestía una especie de sombrero con un cascabel. Éste hizo un gesto con la mano, invitando a los pequeños a entrar. Los padres, al ver que el chico se haría cargo, se marcharon, pues tenían tareas que hacer.
Una vez dentro, el “bufón” cerró la puerta de la pequeña carpa que había sido montada en la plaza. Miró a todos lados y asintió, satisfecho con la cantidad de espectadores que tendría.
“Venga pequeños, quiero oír vuestros gritos”, pensó, mientras una macabra sonrisa surcaba su rostro maquillado.
Caminó hasta el escenario, el cual se encontraba al fondo de la estancia, y se plantó justo en el centro, dispuesto a comenzar su show.
-Bienvenidos, niños y niñas, hoy será un día inolvidable para todos y cada uno de vosotros. Recordad muy bien esas palabras, porque cuando esto termine, veréis que tengo razón –Seguidamente se desvaneció en la oscuridad, lo último que pudieron ver de él fueron sus ojos, ahora rojos y brillantes.
Todos se acercaron, curiosos por ver qué nuevos trucos les traía ese joven hombre. Portaba un curioso traje de payaso, tal vez por eso llamara tanto la atención. Los colores habían sido sustituidos por el blanco y el negro y, en lugar de llevar peluca, vestía una especie de sombrero con un cascabel. Éste hizo un gesto con la mano, invitando a los pequeños a entrar. Los padres, al ver que el chico se haría cargo, se marcharon, pues tenían tareas que hacer.
Una vez dentro, el “bufón” cerró la puerta de la pequeña carpa que había sido montada en la plaza. Miró a todos lados y asintió, satisfecho con la cantidad de espectadores que tendría.
“Venga pequeños, quiero oír vuestros gritos”, pensó, mientras una macabra sonrisa surcaba su rostro maquillado.
Caminó hasta el escenario, el cual se encontraba al fondo de la estancia, y se plantó justo en el centro, dispuesto a comenzar su show.
-Bienvenidos, niños y niñas, hoy será un día inolvidable para todos y cada uno de vosotros. Recordad muy bien esas palabras, porque cuando esto termine, veréis que tengo razón –Seguidamente se desvaneció en la oscuridad, lo último que pudieron ver de él fueron sus ojos, ahora rojos y brillantes.
martes, 16 de agosto de 2011
Dead.
Observaba, desde el umbral de la puerta, aquella escena que había destruido todos sus deseos, sus sueños, su razón para vivir, todo su ser. Había muerto por dentro al ver lo que le esperaba en aquel cuarto de baño. Una joven de cabellos oscuros y tez blanca, lo miraba con semblante inexpresivo y la mirada perdida en el más allá. El vestido color crema que llevaba puesto estaba teñido de carmesí. Había que reconocer que ese tono le favorecía y contrastaba muy bien con su piel, pero la procedencia del mismo hacía que el chico lo despreciara. En su pecho yacía un puñal, clavado justo en el corazón.
Sin poder aguantar más el dolor, se dirigió pausadamente hacia la bañera, para desplomarse de rodillas ante ella, mientras unas lágrimas surcaban su rostro.
Sin poder aguantar más el dolor, se dirigió pausadamente hacia la bañera, para desplomarse de rodillas ante ella, mientras unas lágrimas surcaban su rostro.
Lo único en lo que podía pensar en aquel momento era en el asesino de la que había sido su amada, deseaba con toda su alma acabar con aquel tipo, por ella.
viernes, 15 de julio de 2011
Fear.
Un golpe seco resonó en el piso superior. El pequeño de cinco años, que hasta el momento había estado sentado sobre el sofá, viendo la televisión mientras escuchaba los gritos de sus padres, dio un respingo en el mismo, mirando hacia arriba. Tenía una vaga idea sobre lo que estaba ocurriendo, pues era una escena casi habitual en su hogar, pero seguía aterrándole la mirada furiosa que le dedicaba su padre cuando terminaba y bajaba, buscándolo entonces a él.
Subió los escalones con cautela, procurando hacer el menor ruido posible o lo descubrirían. Podía escuchar con bastante más claridad los gritos de su madre, que pedía que la soltara y la dejara en paz de una vez. Se acercó todavía más a la puerta del dormitorio, pegando la oreja en ella, con los ojos desmesuradamente abiertos, aquella vez estaba siendo la peor de todas.
Subió los escalones con cautela, procurando hacer el menor ruido posible o lo descubrirían. Podía escuchar con bastante más claridad los gritos de su madre, que pedía que la soltara y la dejara en paz de una vez. Se acercó todavía más a la puerta del dormitorio, pegando la oreja en ella, con los ojos desmesuradamente abiertos, aquella vez estaba siendo la peor de todas.
jueves, 9 de junio de 2011
"Hey, why do you cry?"
“Hey, pequeña, ¿por qué lloras?”
Alcé la cabeza, miré a todos lados, buscando la procedencia de aquella voz que me sonaba tan conocida y a la vez tan lejana. Tenía ganas de escucharla de nuevo, de fundir mi alma con ella, dejar que me acariciara por dentro, que llenara aquel vacío que ella misma había creado, que curara mis heridas, que no me dejara jamás… Pero al mismo tiempo tenía miedo, miedo de que volviera a abandonarme, de que me hiriera, de que se burlara de mí. Me sequé las lágrimas con la manga de la camisa y me levanté. Sabía que la casa estaba vacía, que no había nadie más allí que yo, y que era imposible que el portador de esas palabras estuviera en ella, pues ahora se encontraba lejos, lejos de mi alcance. Aun así, mis piernas caminaban solas, movidas por su propia voluntad, primero fueron pasos lentos, luego una marcha acelerada, por último, una carrera por el interior del hogar en dirección al piso superior, hacia mi cuarto. ¿Por qué ahí? ¿Por qué, si él nunca había pisado mi dormitorio, mi santuario? Ese era el último lugar en el que quería estar, todo me recordaba a él: fotos, escritos, canciones, momentos pasados, una pequeña caja que descansaba sobre la cama, en la cual había un detalle que nunca le pude dar… una pulsera de cuentas hecha por mí, con nuestras iniciales. Demasiadas cosas que me corrompían por dentro… Las lágrimas volvían a caer, salpicando el suelo de madera. Por un instante pude verlo, ahí, sentado en el alféizar, mirándome. Una cálida sonrisa iluminaba su rostro, mas sólo era un espejismo, al acercarme se desvaneció como lo hacen las burbujas al intentar tocarlas. Me dejé caer de rodillas al suelo, aún sin detener el llanto, que ahora se había vuelto incontrolable. Poco a poco se fueron formando diminutos charcos, en los que podía ver esos momentos que pasamos juntos, momentos maravillosos, que ninguna persona en el mundo desearía olvidar, mas yo quería lo contrario, esos recuerdos me hacían sufrir, me quemaban por dentro como antorchas encendidas. Luego las imágenes se tornaron en discusiones, malentendidos, mentiras, dolor. No pude evitar apartar la mirada de la escena. Acto seguido me acurruqué en la única esquina vacía que había. Hundí la cabeza entre mis brazos y grité, grité con todas mis fuerzas, sacando el sufrimiento, la impotencia, la ingenuidad. Sentía cómo mi corazón se quebraba, cómo perdía su fuerza, cómo los latidos cada vez eran más lentos. ¿Por qué…? ¿Por qué después de todo lo que ha pasado, después de todo lo que me has hecho… aún te sigo amando…? Eso fue lo último que me pregunté antes de caer dormida, en un sueño del que tal vez, jamás despertaría.
martes, 10 de mayo de 2011
Broken Promises.
¿Cómo puede un lugar tan hermoso contener todos los miedos de un ser humano en forma de espejismos? Supongo que es algo difícil de entender, pero tampoco es sencillo explicarlo. En aquel extraño sitio se respiraba un aire distinto a cualquier otro. La atmósfera era más pesada, más densa que cualquier otra en la que hubiera permanecido, sin embargo, al mismo tiempo, notaba como si mi cuerpo fuera más liviano, como si en ese momento se hubiera convertido en la más fina seda que pudiera tejerse. Era un espacio tranquilo, repleto de sauces, cerezos y almendros. Las aves, cubiertas con plumas de los más exóticos colores sobrevolaban mi cabeza. Pude oír a lo lejos el rumor de una cascada, pero al ver las fuentes que se situaban no muy lejos desde mi posición, decidí ir hacia ellas. Había un total de seis manantiales, formando un hexágono, en su centro se alzaba un altar no muy grande, también con la misma forma. En su base estaban inscritas unas frases que no lograba descifrar, posiblemente fuera un lenguaje secreto o una lengua muerta. Pasé las yemas de los dedos sobre la inscripción y las letras comenzaron a emitir un débil resplandor. Entonces una imagen se mostró ante mí, sobre la plataforma: un chico, de unos doce u once años, corría, perseguido por cuatro jóvenes más, que seguramente estarían dispuestos a golpearlo; luego una pareja discutiendo, por un momento el muchacho cogió un jarrón y lo tiró contra la pared, haciendo añicos el florero, la chica lo miraba con los ojos desorbitados, así sucedían una tras otra frente a mis ojos, todas y cada una de ellas eran distintas, pero siempre coincidían en el mismo detalle, las miradas de terror de uno de los individuos. De repente, llegó hasta mis pupilas la peor de todas: ahí estaba la persona más importante para mí, desapareciendo ante mis ojos, cual llama que apaga con la más mínima ráfaga de aire. Sacudí la cabeza varias veces ¿qué había sido eso? Una fuerte sensación me oprimía el pecho, ¿esa escena… era real, de verdad había muerto? Caí de rodillas ante el altar, abrazándome a mí misma, mientras todo mi cuerpo temblaba de horror. Lágrimas de impotencia, nerviosismo, comenzaban a manar de mis ojos. En ese instante me di cuenta de lo solitario que estaba aquel lugar, no había nadie, él no estaba. Una fina lluvia empezó a caer sobre mí. Sentía que no podía hablar, lo intentaba, pero ni una sola palabra brotaba de mi boca, hasta que lo conseguí:-¡Me prometiste que no me dejarías sola! –grité con todas mis fuerzas, aferrando con fuerza mis brazos, a sabiendas de que no podían escucharme.
Jamás supe cómo había llegado a ese lugar, más tampoco me importó. Simplemente allí me quede, envuelta en mi soledad, atrapada para toda la eternidad.
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