Estiró la mano hacia el cielo nocturno y cerró el puño con suavidad. Estaban completamente a solas en aquella playa oculta entre los acantilados. Las olas susurraban ante ellos, rompiendo ligeramente el absoluto silencio que reinaba.
-Es precioso… ¿verdad? –dijo ella, mirando a la silueta que descansaba sobre la hierba, a su lado.
Es chico asintió con la cabeza, la cual tenía apoyada sobre sus brazos, cruzados detrás de la misma. Señaló uno de los astros resplandecientes, éste destacaba sobre los demás.
-Mira, la Estrella Polar. Mi favorita.
-Ojala fuéramos capaces de palparlas… Serían muy cálidas, estoy segura. –Sonrió dulcemente.
El joven afirmó de nuevo, sin decir palabra.
Y allí se quedaron, tumbados bajo el cielo estrellado durante horas, contando juntos cada astro que observaban en aquella noche sin fin.
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