lunes, 3 de mayo de 2010

Noche de melancolía

Estoy absorta en mis pensamientos, sentada en el alféizar de mi ventana. Tras ésta, se extiende un gran valle verde, ahora bañado por la lluvia. Las negras nubes cubren por completo la luz de la luna, por lo que mi cuarto se encuentra prácticamente en completa oscuridad, exceptuando cuando cae algún rayo, iluminándola débilmente. Al parecer, la noche está triste, al igual que mi corazón roto. Aún recuerdo la primera vez que me dijiste “te quiero”, era un día lluvioso como éste, pero tú lo iluminaste. Hoy no ocurrirá lo mismo, ya que tú ya no estás aquí a mi lado, haciéndome sentir segura entre tus brazos y proporcionándome ese calor tan peculiar tuyo. Miro hacia el centro de la estancia dirigiendo mi mirada a una rosa que se encuentra en un pequeño jarrón sobre la mesa. Alrededor de la flor, hay unos pocos pétalos esparcidos. Se podría decir que ahora mismo soy como esa flor, aparento estar bien por fuera, pero en mi interior, me voy marchitando lentamente con el paso de los días, hasta que llegue el momento en que ya no pueda resistir más y mi existencia llegue a su fin. Sé que te prometí que viviría por los dos si te ocurría algo, pero nunca pensé que podría llegar a pasar esto… Verte sufrir de esa manera, mientras poco a poco morías y, finalmente, antes de que llegara la ambulancia, tener tu cuerpo inerte estrechado entre mis brazos. Aunque hayan pasado seis meses desde aquel incidente, en el que perdiste la vida, sigo arrepintiéndome de no haber podido hacer nada por ti en ese momento. Ya no puedo reprimir por más tiempo mi llanto. Unas pequeñas gotas se deslizan lentamente por mi rostro. Una gran cantidad de recuerdos tuyos llegan ahora a mi mente, provocando que cada vez me sienta peor. Ya no puedo dejar de llorar, la amargura que siento se acrecienta cada vez más. Bajo al piso inferior y me adentro en la cocina, busco por los cajones y cojo un pequeño cuchillo. Tras volver a mi habitación, me vuelvo a sentar tranquilamente en el alféizar. Por un momento, siento unas punzadas de dolor en mis muñecas. Veo cómo un líquido color carmesí se desliza hasta las puntas de mis dedos, y unas gotas se precipitan sobre la verde hierba. Siento mucho no haber cumplido mi promesa, pero ya no puedo seguir viviendo así. Poco a poco voy cerrando los ojos. Noto que cada vez está más cerca mi final y sonrío, mientras una última lágrima corre por mi cara, cayendo ésta en mi muñeca y mezclándose con el fluido rojo que emergía de la misma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario