Se miran en silencio, manteniendo una conversación sin necesidad de usar palabras, sus ojos hablan por sí solos. La lluvia que cae empapa sus rostros y sus ropas, pero eso no tiene importancia para ellos. Ambos saben que todo había acabado hace mucho, pero ninguno quiere creerlo aún. Los ojos de él reflejan dolor, culpabilidad, arrepentimiento. Se odia a sí mismo por sus actos, pero ya el daño está hecho, no hay marcha atrás, no puede hacer nada. Los de ella, han perdido la luz que los iluminaba cada día, tornándose ahora oscuros, casi inexpresivos; su sonrisa, también ha desaparecido. Hay que nadar a través de sus pupilas para ver realmente sus sentimientos, pero el joven sabe cómo hacerlo y puede vislumbrar el daño que le corrompía por dentro, que él mismo ha causado con sus falsas palabras. Ve en el reflejo de su mirada el engaño, la verdad, la ceguera, la ingenuidad, la decepción, pero sobre todo, sabe que ella ha muerto por dentro, y que sus sentimientos hacia él ya no son los mismos de antaño, ya no puede confiar en él. Ante el muchacho sólo yace un cuerpo vacío, el cuerpo de la joven que él amó alguna vez, o al menos, eso le hizo pensar a ella.
¡Pobre niña, tan crédula! Se creyó todas sus palabras, y ahora todo ha acabado, una chica destrozada y un joven culpable. Tal vez nunca debería haber ocurrido tal situación, pero ninguno sabía que sus sueños finalizarían de tal manera.
Ella ya no puede soportarlo más, y se abalanza sobre él, abrazándolo mientras le proporciona un efímero beso, lleno de sentimiento. Seguramente, el último que le daría jamás. Luego se separa lentamente y lo mira a los ojos, con dos tristes lágrimas deslizándose en los de ella. Le sonríe triste y se da la vuelta, dispuesta a irse. El chico no la detiene, comprende la situación y sólo quiere que ella sea feliz, así que la deja marchar en silencio, mientras su corazón se deshace en pedazos a cada paso que ella da en la dirección contraria.
¿Realmente… era lo mejor?
Solo el futuro lo sabrá.
lunes, 30 de agosto de 2010
martes, 24 de agosto de 2010
Vampire.
Tu olor y tu sangre son como una droga para mí. Desde el primer momento en que te vi, te he deseado como a nada en el mundo. Y ahora, por fin has llegado a mi humilde morada, esta pequeña mansión a las afueras de la ciudad, una herencia de la familia. Por mucho que te esfuerces por correr, no conseguirás salir de aquí. Por mucho que te escondas, te encontraré. Sigo tus pisadas en las tinieblas del pasillo, hasta llegar al estudio. Entro y cierro lentamente la puerta tras de mí. Estamos en la más remota oscuridad, pero, aún así, noto tu agitada respiración. De un salto, me planto detrás de ti. Te sujeto los hombros para que, si te resistes, no logres zafarte tan fácilmente de mí. A medida que me acerco más a ti, siento cómo mi pulso inexistente se acelera más y más. Mi boca se desliza por tu cuello hasta llegar al punto en que se une a los hombros. Tú estás petrificada, el susto te ha dejado en estado de shock. Aprovecho la situación para morderte lentamente. Por un momento, te vuelves tensa y reprimes un grito de dolor. En cuanto me separo de ti, tus músculos vuelven a relajarse y caes inconsciente en mi regazo. Te cojo suavemente, incluso con ternura, entre mis brazos y transporto tu delicado cuerpo hasta la habitación de invitados, donde te deposito dulcemente en el centro de la cama con dosel del centro del cuarto. Me quedo un rato mirándote fijamente, admirando tu belleza. Eres aún más hermosa cuando descansas. Ahora duerme pequeña, cuando despiertes serás mía y te convertirás en mi reina. Te estaré esperando…
miércoles, 11 de agosto de 2010
Christmas.
Bueno, este es un relato cortito que escribí hará un par de años para el instituto, sé que no estamos en navidades, pero me da pereza esperar a que lleguen xD
La verdad, hubiera preferido quedarme en la tranquilidad en la que me había sumido cuando estaba en el campo, pero se habrían percatado de mi presencia y no cesarían de hacerme preguntas.
Odio el ruido que producen los coches y el gentío, de un lado a otro, mas no me queda otro remedio que volver, ya que mi casa y mi familia se encuentran allí.
Cuando alcanzo el centro de la cuidad, me empieza a envolver una sensación de agobio. Todos muy juntos, caminando mientras se propinan empujones e intentando buscar un hueco libre por el que pasar. No quiero ni imaginar como me sentiré dentro de un rato, cuando llegue al centro comercial, por eso evito ir en las horas punta como ésta, pero no habría pasado de no haberme encontrado con esos leñadores obstaculizando el paso y chafándome mi tranquilo paseo.
Entro con dificultad en el gran edificio, lleno de comercios, cafeterías y restaurantes; y me dirijo a la tienda de ropa más cercana. Sólo quiero mirar, pero el establecimiento está colmado de gente y no se puede comprar nada sin tener que esperar en una larga cola que atraviesa la tienda; además, casi todo se encuentra agotado, así que voy al supermercado. Éste está más vacío y uno puede caminar tranquilamente. Compro las cosas que hacen falta para hacer la cena y me voy.
Llego a la calle donde se encuentra mi casa y observo a mis vecinos mientras decoran las suyas. Me encuentro ante la puerta de la valla que da a mi jardín, y antes de entrar noto la presencia de dos hombres colocando una gran cantidad de luces en el tejado, las ventanas, etc., mientras que en el interior se ven dos siluetas, una grande y otra más pequeña que la primera, colocando unos adornos en lo que parecía un gran árbol navideño. Mi casa no está tan adornada como las demás, no obstante me gusta como está, con poquitas cosas y sin el ambiente muy cargado.
Recorro el camino que atraviesa el jardín y llego al porche. Dentro de la casa se encuentran mis padres, que están sentados en el salón y mis hermanas, que juegan con las muñecas.
–Ah… Qué alivio –suspiro.
Dejo las bolsas en la cocina y vuelvo con mi familia. Estoy contenta con mis navidades, tranquilas y sin estrés. Porque la Navidad no son sólo regalos y adornos, sino que es mucho más que eso, es un ambiente en que toda la familia permanece unida en un entorno de felicidad y serenidad.
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Me encuentro caminando sobre la suave y blanda nieve, mientras mis sordos pasos quedan grabados sobre la superficie de ésta. A mi alrededor hay muchos árboles, sin hojas, que alzan sus ramas hacia la tenue luz del Sol. Llego a un punto en que me paro en seco, me encuentro a un reducido grupo de leñadores, cortando los pequeños abetos que crecen en el bosque. Todavía no me han visto, así que me doy la vuelta lentamente, procurando hacer el menor ruido posible, y vuelvo a la ciudad.
La verdad, hubiera preferido quedarme en la tranquilidad en la que me había sumido cuando estaba en el campo, pero se habrían percatado de mi presencia y no cesarían de hacerme preguntas.
Odio el ruido que producen los coches y el gentío, de un lado a otro, mas no me queda otro remedio que volver, ya que mi casa y mi familia se encuentran allí.
Cuando alcanzo el centro de la cuidad, me empieza a envolver una sensación de agobio. Todos muy juntos, caminando mientras se propinan empujones e intentando buscar un hueco libre por el que pasar. No quiero ni imaginar como me sentiré dentro de un rato, cuando llegue al centro comercial, por eso evito ir en las horas punta como ésta, pero no habría pasado de no haberme encontrado con esos leñadores obstaculizando el paso y chafándome mi tranquilo paseo.
Entro con dificultad en el gran edificio, lleno de comercios, cafeterías y restaurantes; y me dirijo a la tienda de ropa más cercana. Sólo quiero mirar, pero el establecimiento está colmado de gente y no se puede comprar nada sin tener que esperar en una larga cola que atraviesa la tienda; además, casi todo se encuentra agotado, así que voy al supermercado. Éste está más vacío y uno puede caminar tranquilamente. Compro las cosas que hacen falta para hacer la cena y me voy.
Llego a la calle donde se encuentra mi casa y observo a mis vecinos mientras decoran las suyas. Me encuentro ante la puerta de la valla que da a mi jardín, y antes de entrar noto la presencia de dos hombres colocando una gran cantidad de luces en el tejado, las ventanas, etc., mientras que en el interior se ven dos siluetas, una grande y otra más pequeña que la primera, colocando unos adornos en lo que parecía un gran árbol navideño. Mi casa no está tan adornada como las demás, no obstante me gusta como está, con poquitas cosas y sin el ambiente muy cargado.
Recorro el camino que atraviesa el jardín y llego al porche. Dentro de la casa se encuentran mis padres, que están sentados en el salón y mis hermanas, que juegan con las muñecas.
–Ah… Qué alivio –suspiro.
Dejo las bolsas en la cocina y vuelvo con mi familia. Estoy contenta con mis navidades, tranquilas y sin estrés. Porque la Navidad no son sólo regalos y adornos, sino que es mucho más que eso, es un ambiente en que toda la familia permanece unida en un entorno de felicidad y serenidad.
lunes, 9 de agosto de 2010
I lost you.
No supe quererte y te perdí. No supe darme cuenta de tus verdaderos sentimientos hacia mí, y ahora, te has ido para siempre. Las cosas no podrán volver a ser como antes, ni ahora, ni nunca, y todo por mi culpa. Maldita sea, me dejé llevar por un arrebato de dolor y ahora las cosas han ido a peor. Una vez dudé si todavía te amaba, me cegué de nuevo, y corté los lazos que en la distancia nos unían, dejando dos corazones rotos, y más dolor. Éste se hace más intenso cada día que pasa, añorando aquel amor que un día lo llenaba. Este mes sin ti me he dado cuenta de lo mucho que te necesito, muchos pensarán: “será masoquista”, “qué mentirosa”. No, sólo estaba confusa, no sé lo que quiero, y eso ha causado mucho sufrimiento. Sé que nada será igual, que no se puede volver atrás en el tiempo, que el daño está hecho, pero tan sólo te pido una cosa… un pequeño favor, por favor, perdóname, he sido una estúpida pensando que todo iría mejor si acabábamos con esto. Mas me equivocaba, sólo empeoré la situación. En este momento me muerdo las lágrimas que quieren caer por mi rostro, recordándote. Lo siento, lo siento mucho…
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