martes, 15 de junio de 2010

Mirror.


Tan cerca y a la vez tan lejos el uno del otro, separados por un único cristal que dividía sus destinos y sus vidas para siempre. Sus rostros reflejaban desesperación, tristeza; pero nada podían hacer, por mucho que habían tratado de quebrantarlo, todo esfuerzo había sido en vano, éste volvía a su forma original al instante. Una lágrima corría por el rostro de la joven, miraba, impotente, cómo el chico daba golpes sin cesar al cristal, sin conseguir nada en absoluto. Se detuvo un instante, tenía la cabeza gacha, y su mano estaba apoyada contra la “pared”. Ella, sin poder evitarlo, colocó la suya en donde estaría la otra si no hubiera nada que los separara y miraba fijamente a su compañero, aunque en su interior se había desatado un fuerte sentimiento por él, aún seguía siendo su amigo. Éste se fijó en el gesto de la chica y su mirada se tornó aún más triste, deseaba poder abrazarla fuertemente entre sus brazos, consolarla, darle el cariño que nadie le había dado nunca, pero era imposible; y todo por culpa de aquel maldito cristal.


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