Intenté ser perfecto. Todos esos días matándome a estudiar para sacar mejores notas, la idea de ingresar en el equipo de fútbol del instituto, los numerosos problemas a los que me he enfrentado, todo, absolutamente todo, lo he hecho por ti, aunque no me creas. Por conseguir tu aprobación, para que me aceptes como tu hijo que soy. Siempre me echas en cara lo buen estudiante que eras, un estudiante de sobresalientes, al que todo se le daba perfectamente, fuera lo que fuese. Por desgracia, no he sido el chico que esperabas. Soy un negado para los estudios, casi siempre apruebo con un simple bien, pocas veces con notables, y mejor ni hablar de lo que viene después; pero con eso no te basta, quieres que sea como tú cuando tenías mi edad, algo que para mí es algo prácticamente inalcanzable. Por muy grande que sea mi esfuerzo por complacerte, no consigo mejorar en clase, mis notas siguen exactamente iguales; y en los partidos, el equipo nunca ha conseguido una mísera victoria gracias a mí, ya que me paso casi todo el tiempo en el banquillo. Y, ¿qué es lo que obtengo a cambio? Únicamente gritos y reprimendas. Ya estoy harto de esta vida contigo, ojala estuviera mamá aquí, para hacerme sentir mejor y darme el cariño y el afecto que nunca me has dado. Todo esto ha sido, en gran parte, por tu culpa, nunca me has aceptado tal y como soy, con mis virtudes y mis defectos, como haría cualquier padre. Has hecho absolutamente todo lo contrario, hacer que me sienta culpable por haber nacido así. Siendo que fuera otra persona, completamente distinta a mi verdadero yo, pero ya me he cansado, a partir de hoy seré yo mismo, y nadie podrá impedírmelo. Ni siquiera tú. Intenté ser perfecto, y he fracasado. Lo siento mucho... pero no puedo ser quién no soy. No puedo ser el número uno.

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